Tutoría 1 Lo estético La práctica artística

La estética y la identidad.
Muchas veces pensamos en la estética solo como algo que tiene que ver con lo bonito o lo decorativo. Pero la verdad es que atraviesa nuestra manera de ser y de sentir. A través de lo que consideramos bello, construimos parte de nuestra identidad personal (cómo me veo, cómo me muestro) y también nuestra identidad colectiva (el grupo al que siento que pertenezco). El Ministerio de Educación Nacional en Colombia habla de la importancia del arte en la escuela para que los estudiantes exploren sus culturas, se expresen y se sientan parte de algo. Silvia Buschiazzo, por otro lado, dice que el arte no es solo expresión: también es política y conocimiento. Es decir, cuando bailamos, pintamos o creamos, estamos diciendo algo de quiénes somos y de qué mundo queremos.
Byung-Chul Han, en su libro La salvación de lo bello. Dice que hoy lo bello se ha vuelto “pulido y liso”, como las imágenes perfectas de Instagram o las publicidades donde todo brilla. Eso genera identidades muy homogéneas: todos buscamos parecernos al mismo modelo, y dejamos de encontrarnos con lo distinto, con lo que nos incomoda pero también nos hace crecer.
Lo estético también puede ser un arma. Si miramos bien, muchas veces se usa para seducir y manipularnos. La publicidad, las redes y hasta la política saben que una imagen bella atrae más que mil argumentos. Hoy el poder no nos prohíbe cosas: nos seduce con likes, filtros y objetos deseables. Y así, sin darnos cuenta, se van moldeando nuestras emociones y creencias.
Buschiazzo advierte que el cuerpo y la estética pueden ser lugares de control (cuando nos exigen un cuerpo perfecto, por ejemplo), pero también de resistencia y libertad. Y ahí está la clave: no se trata de rechazar lo bello, sino de aprender a mirarlo con ojos críticos, de preguntarnos qué nos están queriendo vender y qué queremos realmente expresar.
El MEN (2019) también advierte que los medios de comunicación y las industrias culturales son mediadores de significados, influyendo en los valores y en la manera en que los individuos configuran su subjetividad. De ahí que la estética pueda ser un vehículo tanto de inclusión y diversidad, como de naturalización de ideologías dominantes. En la misma línea, Buschiazzo sostiene que las prácticas estéticas, especialmente en las artes del movimiento, contribuyen a la construcción de la identidad individual y colectiva. La identidad personal se forma en diálogo con la historia de vida, las experiencias corporales y el entorno social, mientras que la identidad colectiva surge de los lazos culturales, las tradiciones y las prácticas compartidas. Así, el arte no es solo expresión sensible: es también una práctica política y cognoscitiva que configura visiones del mundo.
La estética está en el centro de la construcción identitaria y de la vida social. Influye en quién soy, en cómo me relaciono con otros y hasta en lo que deseo. Moldea quiénes somos y cómo nos reconocemos en comunidad. Pero esa misma potencia la hace vulnerable a ser utilizada como herramienta de manipulación emocional y cultural. Por eso, es necesario reivindicar una estética que no sea solo consumo pasivo de lo pulido y lo homogéneo, sino una práctica que nos permita encontrarnos con lo distinto, cuestionar lo dado y abrirnos a la diversidad
Comentarios
Publicar un comentario